La niebla sobre La Gomera

DSC08648.jpg

A paso sosegado, las calles de Agulo descansan a lomos de La Gomera. A un lado, un escarpado barranco con una cascada de piedra, envejecida hace millones de años desde que borboteara lava a su paso. Al otro, el Atlántico, feroz océano que, según unas paisanas que salían de la clase de aeróbic, "está fatal, se está comiendo los riscos". No es día de baño.

Estamos en Agulo, un pueblo al norte de la isla. Desde el punto más alto, no se divisa más que el infinito horizonte. Un horizonte oscuro para esta aldea de 600 habitantes. Algunos niños juegan en el campo de fútbol municipal, pero son bastones y pantalones con tirantes los principales paseantes de las terribles cuestas que surcan el pueblo. Más del 30% de los habitantes son mayores de 65 años.

En la propia capital de la isla, San Sebastián de La Gomera, este porcentaje es del 15%. Una capital que cuenta con menos de 9.000 habitantes, cifra estancada desde hace 13 años. 

San Sebastián de La Gomera

San Sebastián de La Gomera

Otra aldea, Alojera, está vigilada por los cangrejos que aún hoy resisten al fuerte oleaje del océano. La playa, más larga de lo habitual en La Gomera, pero con "callaos grandes" –como dicen los canarios–, no concuerda con el anfiteatro de casas abandonadas que la asedian.

Un restaurante, entre escaleras, es el foco de reunión. Un camarero, tres cocineras, cuatro señores de la zona, dos parejas recién jubiladas, nosotros cuatro y un gato callejero que se pasea a cotillear. "Ahora me toca a mí", le dice uno de los jubilados a uno de los paisanos. Están tocando la guitarra mientras cantan. Uno de ellos, con bañador rojo, camiseta blanca y una voz sabinesca que en los agudos explica el porqué del fracaso en su carrera musical, le invita a subirse a las tablas improvisadas. La timidez le puede al jubilado y termina huyendo de la situación.

Otro bolo. Llega Nino Bravo, inmortal con las olas rompiendo de fondo. Las únicas 12 personas que ocupan el pueblo fantasma cantan o tararean, depende de la edad, la famosa melodía de los 70 que trata del desgarro y el desamor.

Partir para olvidar, o crecer. Fenómeno que, también en los 70, ocurrió en La Gomera. De 30.000 habitantes a 20.000 a día de hoy. Emigración, escasez de agricultura, prácticamente nula oferta para los jóvenes, población envejecida... La despoblación es notoria en una isla donde la desolación repta por las calles de los poblados como lo hace la niebla en el Alto del Garajonay.

El Alto del Garajonay cubierto por la niebla que le caracteriza

El Alto del Garajonay cubierto por la niebla que le caracteriza

Más información:

MÁS FOTOS