Cuando el jazz consiguió el culto

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Ver ciudades, personas o amores. Imaginar edificios, rascacielos. Manhattan. Nueva York en su apogeo cultural. Jazz, blues, soul. Blue. Azul. Pero no el azul del cielo. El azul del alma, el bluede tristeza. Y con el 29 asomando las orejas. El metro va lleno, apenas hay espacio. George Gershwin lee el periódico. Ve su nombre y comienza algo bueno.

Rhapsody in Blue, la más famosa obra de George Gershwin se estrenó el 12 de febrero de 1924 en el Aeolian Hall de Nueva York, con Paul Whiteman como director de la orquesta de Palais Royal y con Ferde Gofré en la orquestación. La representación fue todo un éxito. El director fue vitoreado y el compositor, con tan solo 25 años, alabado por todos los cronistas.

Paul Whiteman había visto el éxito que tuvo el concierto experimental de Éva Gauthier en el Aeolian Hall de Nueva York el 1 de noviembre de 1923. Mezclaban música clásica con jazz. El “Recital de música antigua y moderna para voz”, como se llamó la interpretación, se convirtió en la primera vez en la que el trabajo de Gershwin era representado por una cantante conocida. Las tres obras de Gershwin con las que finalizó el acto fueron: I’ll build a stairway to paradiseInnocent ingénue baby Swanee. Él estaba al piano.

 Anuncio del concierto organizado por Paul Whiteman en el Aeolian Concert Hall.

Anuncio del concierto organizado por Paul Whiteman en el Aeolian Concert Hall.

Entre el público, Paul Whiteman asomaba y quiso superar el nivel de la audición. Contactó con George Gershwin para que compusiese una pieza para un concierto de jazz. Pero él lo rechazó por si caía la popularidad que se había ganado. Pero Whiteman hizo oídos sordos. Ira Gershwin, hermano de George, leyó en el New York Tribune del 4 de Enero de 1924 el anuncio del concierto que Whiteman iba a dirigir. El nombre de su hermano aparecía como el del compositor. George llamó inmediatamente a Paul Whiteman para cancelarlo, pero Whiteman consiguió convencerle cuando solo faltaban seis semanas para el concierto. Gershwin aceptó con tal de aprovecharlo para popularizarse. Pese a ello, George pidió retrasar la fecha de entrega, pero Whiteman se negó, ya que Vincent Lopez, otro director de la época, estaba intentando utilizar su idea del concierto experimental. No tenían tiempo que perder.

LAS TRES SEMANAS DE COMPOSICIÓN

En una de las entrevistas de 1931 que Isaac Goldberg hizo a Gershwin para su biografía, Gershwin dijo que el tren que le llevaba a Boston fue inspirador. Los raíles en fricción con las ruedas, los engranajes de la maquinaria. Todo sonido que salía de ese tren podía ser una nota nueva de su rapsodia. Gershwin compuso toda la obra mentalmente en ese viaje. Él mismo dijo que “la canción fue concebida como un tipo de música caleidoscópica de América, […] de nuestra gran olla hirviendo llena de música, de nuestra incomparable energía nacional, nuestro blues y nuestra locura metropolitana”.

Empezó a transcribir la obra el 7 de enero, como señala en el primer manuscrito para dos pianos. Al principio se iba a llamar American Rhapsody. Cambió el título por Rhapsody in Blue por petición de su hermano.

Después de tres semanas, Gershwin tenía la obra. Solo faltaba la orquestación por parte de Ferde Grofé, la mano derecha de Paul Whiteman, y el ensayo con la orquesta. Dicha orquestación de Grofé se debe a que Gershwin no tenía los conocimientos musicales suficientes como para orquestar una rapsodia, ya que el fondo cultural y musical de la época en los conservatorios no tocaba ni con mucho el estilo de Gershwin. Ir a clases para él era una pérdida de tiempo.

Las malas lenguas dicen que el día de la premiere, había partes de la obra no terminadas. Gershwin improvisó y a eso se debe que los solos de piano sean tan largos. Pero esto es solo una leyenda.

12 DE FEBERO DE 1924

El estreno en el Aeolian Hall fue todo un éxito. Se titulaba An experiment in modern music. La sala estaba repleta de músicos famosos como John Philip Sousa o Sergei Rachmaninoff. Gershwin ya era conocido en el panorama musical. Algunos pensaban que era un posible fracaso, pero muchos fueron a disfrutar de su música.

En el concierto participaron personalidades como Irving Berlin, que presentó un poema musical sincopado; Victor Herbet, con una suite americana; y Edward Elgar, que representó para la ocasión la Marcha número 1 de Pompa y Circunstancia.

El acto tenía un programa de 26 movimientos musicales. Era largo. Se dividía en dos partes, y George Gershwin era el segundo de la segunda parte, justo antes de Pompa y Circunstancia. El público estaba algo alterado y empezaba a perder la paciencia. El sistema de ventilación del Aeolian Hall no funcionaba y las obras previas habían sido demasiado densas. Pero el glissando de clarinete que abre Rhapsody in Blue entró como una brisa heladora.

La obra fue ejecutada con Whiteman como director, que añadió una sección de cuerdas a la composición, y George Gershwin al piano. El famoso glissando de dos octavas y media fue una broma a Gershwin por parte del primer clarinete en el último ensayo. Gershwin reaccionó incitando al clarinetista a tocarlo en el concierto y añadiéndole todo el “llanto” que pudiese.

 Glissando del clarinete en la partitura de George Gershwin.

Glissando del clarinete en la partitura de George Gershwin.

Cuando finalizaron la interpretación, el público no pudo más que envolverles en una esfera de aplausos. Las críticas del día siguiente, el 13 de febrero, no podían evitar nombrar a Gershwin y su rapsodia. Especialistas musicales dedicaron, al menos, una columna en los periódicos para mencionar la composición, ya fuese para bien o para mal.

Por ejemplo, Lawrence Gilman, especialista en la música de Wagner, comentó la locura de la composición, la falta de melodía y armonía, que se escondía bajo los contrapuntos. Era una rapsodia inexpresiva y sin vida. Pitts Sanborn criticó la falta de cohesión entre las diferentes partes de la pieza; y Leonard Bernstein, pese a haber confesado que le encantaba la obra, pensaba lo mismo que Sanborn, que se trataba de diferentes párrafos pegados entre ellos a la fuerza. Pero no elude comentar que cada uno de los párrafos son inspiradores, maravillosos. Incluso se atreve a ascenderle en la jerarquía musical por encima de Tchaikovsky, señalando que no ha habido un compositor tan inspirador desde el romántico. Samuel Chotzinoff mencionó en un repaso del concierto de Rhapsody in Blue que “provocó desacuerdo y dio al futuro de la música americana un cambio inesperado”.

El especialista en Gershwin, Olin Downes, publicó en el número del New York Times del 13 de febrero de 1924 todo un comentario sobre la obra. Señaló que Rhapsody in Blue es una nueva y renovadora promesa musical, "a pesar de ello (de la juventud y la inexperiencia técnica de Gershwin), se ha expresado de una forma extremadamente original. Su primer tema es meramente para bailar […] y en su segundo tema alargaba las cadencias y los finales. Con ello podría haber perdido al público, pero estaban emocionados con la sensación de haber encontrado un nuevo talento que buscaba su música. […] Una ola de aplausos inundó la composición de Gershwin”. Además, señaló que George representó un nuevo talento blanco en la música negra, permitiendo romper esa línea entre la música negra y blanca de Estados Unidos que separaba a los diferentes grupos.

LO QUE SURGIÓ DEL AEOLIAN

Rhapsody in Blue no es sólo una obra curiosa y con ritmo. Tiene una gran importancia en la música estadounidense. Refleja la culminación de un propio estilo musical, sin tener en cuenta si es música negra o blanca, sin importar si es jazz, blues o música clásica. Simplemente es música, y a todos les eleva hasta el más puro sentimiento.

Gershwin era de familia judía. Los judíos y los inmigrantes negros tenían algo en común que los nativos americanos no podían infravalorar: la música. Los judíos, por su parte, inmigrantes la mayoría, cambiaron la manera de hacer reír y bailar de los estadounidenses. Los afroamericanos hacían lo mismo con el blues y el jazz. Pero eran negros. Con Rhapsody in Blue se ve que el jazz no es solo de negros. Aunque esta afirmación, por aquel entonces, no tenía sentido.

George Gershwin, en 1926, negó "que el soul americano es de negros. Pero sí que es una combinación que incluye los llantos, los gemidos y las jubilosas notas de las canciones Mammy del sur. Es blanco y negro. El soul es todos los colores y todas las almas unificadas en la gran olla hirviendo del mundo". Gershwin termina diciendo: “Mi gente es americana. Mi tiempo es hoy”.

 Cartel de la obra Rhapsody in Blue.

Cartel de la obra Rhapsody in Blue.

Pero Rhapsody in Blue no es solo eso. Es una de los trabajos musicales más importantes de la música americana del siglo XX. Abrió la puerta a toda una generación de compositores de jazz. Culminó con la búsqueda del estilo musical estadounidense que tanto se ansiaba gracias a la convergencia de  tres corrientes musicales diferentes, según Richard Crawford, musicólogo.

La primera de todas es la tradición en forma de blues. Según Ralph Ellison, el blues es “un impulso por agrupar los detalles dolorosos y los episodios de una experiencia brutal en un mismo tipo de música, […] señalando el origen y exprimiendo del origen y de la música la tragedia y las letras algo cómicas”. Como dice Crawford, “el blues es el filo de la navaja entre la tragedia y la comedia, evocando en las interpretaciones la zona en la que llorar y reír están cerca”. Gershwin es uno de los muchos músicos que adoptó algunos de estos rasgos de la música negra a sus composiciones, entre ellas, su rapsodia.

La segunda corriente hace referencia a la música popular que se representaba en Broadway. El jazz, en la década de los 20, se separaba de sus orígenes afroamericanos y la improvisación que tanto le identificaba. El concierto de Paul Whiteman fue un intento de volver a los orígenes más puros del jazz.

Por último, la tercera corriente se mueve dentro de la esfera de la música clásica. Whiteman, en su experimento de música moderna también intentaba presentar a los músicos europeos modernistas, como Schoemberg y Stravinsky, y a los músicos estadounidenses modernistas, como Leo Ornstein, Edgar Varèse y un tercio de Gershwin.

SOLO GERSHWIN

George Gershwin firmó numerosas composiciones musicales, pese a su corta vida. Nació en 1898 en Nueva York y murió a los 38 años, en 1937. Su familia provenía de Rusia y era de origen judío. Desde pequeño presentó una asombrosa facilidad y un impresionante talento para la música, por lo que su padre le hizo estudiar en el conservatorio.

Sus primeras inspiraciones vinieron de la mano de músicos de Broadway y, su gran sueño, era triunfar en las salas de concierto. En 1914 comenzó a trabajar en una editorial musical y abandonó las clases de música, aunque el trabajo le exigía tocar el piano con público, ya fueran versiones de otras canciones u obras que él mismo componía. Con ello, consiguió representar un musical escrito por él en Broadway, La, la Lucille, y lanzar así su carrera como compositor.

Desde los años 20 se dedicó, además, a componer piezas para salas de concierto, destacando Rhapsody in Blue. Con esta rapsodia consiguió hacerse hueco entre los mejores solistas de orquesta. Visto el éxito de su mayor composición, decidió retomar las clases de música para desbordar las lagunas técnicas que evitaron que pudiese orquestar su propia creación. Así, en 1925, compone Concierto para piano en Fa, otra de sus más famosas obras.

Para profundizar en la asignatura de composición, viajó a París. Allí se encontraban grandes compositores como Stravinski y Ravel. Gershwin consiguió perfeccionar su técnica y volvió a Estados Unidos tras haber escrito Un americano en París. Otras de sus más exitosas composiciones fue la ópera Porgy and Bess. Se representó en numerosos países, y visto el éxito, Gershwin comenzó a escribir bandas sonoras para películas.

En 1937 Gershwin empezó a presentar problemas médicos, como dolores de cabeza, mareos y desmayos. El 9 de julio de ese mismo año, Gershwin entró en estado de coma y se le diagnosticó un tumor cerebral. La propia Casa Blanca envió a los mejores especialistas de la época para salvarlo, pero el 11 de julio de 1937 fallecía. Pese a su prematura defunción, George Gershwin es uno de los compositores contemporáneos más importantes del estilo de música al que pertenecía, y no por ello se le ha dejado de recordar, presidiendo su más famosa obra en dos grandes películas de los últimos tiempos: Manhattan, de Woody Allen, y el film musical Fantasía 2000.

 George Gershwin en un fotograma de la película "Fantasía 2000". Fotograma de Disney.

George Gershwin en un fotograma de la película "Fantasía 2000". Fotograma de Disney.

MANHATTAN

“Capítulo primero. Él adoraba Nueva York, […] la sentimentalizaba desmesuradamente. Para él, sin importar la época del año, aquella seguía siendo una ciudad en blanco y negro que latía a los acordes de las melodías de George Gershwin”.

La película Manhattan se estrenó en 1979. Dirigida por Woody Allen, se considera un clásico en la historia del cine. La banda sonora del film es de Gershwin al completo. Las obras fueron interpretadas por la Orquesta Filarmónica de Nueva York, dirigida por Zubin Mehta, y por la Orquesta Filarmónica de Búfalo, dirigida por Michael Tilson Thomas. La película abre con el glissando de Rhapsody in Blue, y la obra se mantiene durante tres minutos, mientras el protagonista narra sus ideas para escribir un libro. Este inicio es difícil de olvidar. Los acordes de Gershwin se entrelazan con la delicada fotografía de Nueva York, y en tres minutos, gracias a la música y a la fotografía, conseguimos conocer el alma de La Gran Manzana sin haber pisado sus calles.

FANTASÍA 2000

Como dicen en Fantasía 2000, Gershwin “impulsó el jazz para llevarlo a las salas de concierto para que no estuviese solo en las calles”. Fantasía 2000 es una película de animación de Disney estrenada en 1999. Conmemora el estreno de su original, Fantasía, 60 años antes. En la película aparecen ocho piezas musicales diferentes, Rhapsody in Blue figura la tercera. Curiosamente, en el experimento musical de Whiteman, Pompa y circunstacia también figuraba entre los títulos, al igual que en la película. La obra de Gershwin está interpretada por la Orquesta Sinfónica de Chicago, dirigida por Eric Goldberg y con Ralph Grierson al piano. La animación viene de la mano de Al Hirschfield, famoso dibujante. La escena se centra en la ciudad de Nueva York, tras el crack del 29. El episodio nos retrata la búsqueda de los sueños de cuatro personajes diferentes.

Los ritmos y contrapuntos de la obra musical se entremezclan con los dibujos de las escenas, creando una obra maravillosa, llena de colores, tanto musicales como artísticos.

George Gershwin pudo haber compuesto Rhapsody in Blue en 1924, pero lo que está claro es que es una obra que perdura al paso del tiempo. Las innovaciones y la originalidad del autor no morirán. El glissando de Rhapsody in Blue será eterno.